Los genes no son el destino

Los genes influyen en todos los aspectos de la fisiología, el desarrollo y la adaptación humanos. 

La obesidad no es una excepción. Sin embargo, se sabe relativamente poco sobre los genes específicos que contribuyen a la obesidad y la escala de las llamadas “interacciones genéticas con el entorno”, la compleja interacción entre nuestra composición genética y nuestras experiencias de vida.

Un estudio de 2014 encontró que el consumo de alimentos fritos podría interactuar con genes relacionados con la obesidad, lo que subraya la importancia de reducir el consumo de alimentos fritos en personas genéticamente predispuestas a la obesidad.

La búsqueda de genes de obesidad humana comenzó hace varias décadas. Los rápidos avances en biología molecular y el éxito del Proyecto Genoma Humano han intensificado la búsqueda. Este trabajo ha arrojado luz sobre varios factores genéticos que son responsables de formas de obesidad muy raras y de un solo gen. 

Las investigaciones emergentes también han comenzado a identificar las bases genéticas de la llamada obesidad “común”, que está influenciada por docenas, si no cientos, de genes. Además, la investigación sobre la relación entre ciertos alimentos y la obesidad está arrojando más luz sobre la interacción entre la dieta, los genes y la obesidad.

Lo que queda cada vez más claro a partir de estos primeros hallazgos es que los factores genéticos identificados hasta ahora contribuyen sólo en pequeña medida al riesgo de obesidad y que nuestros genes no son nuestro destino: muchas personas que portan estos llamados “genes de la obesidad” no tienen sobrepeso y Los estilos de vida saludables pueden contrarrestar estos efectos genéticos. Este artículo describe brevemente las contribuciones de los genes y las interacciones gen-ambiente al desarrollo de la obesidad.

La mayoría de las personas probablemente tengan alguna predisposición genética a la obesidad, según sus antecedentes familiares y su origen étnico. Pasar de una predisposición genética a la obesidad misma generalmente requiere algún cambio en la dieta, el estilo de vida u otros factores ambientales. Algunos de esos cambios incluyen lo siguiente:

  • La fácil disponibilidad de alimentos a todas horas del día y en lugares que antes no vendían alimentos, como gasolineras, farmacias y tiendas de artículos de oficina.

  • Una dramática disminución de la actividad física durante el trabajo, las actividades domésticas y el tiempo libre, especialmente entre los niños.

  • Mayor tiempo dedicado a mirar televisión, usar computadoras y realizar otras actividades sedentarias.

  • La afluencia de alimentos altamente procesados, comida rápida y bebidas azucaradas, junto con las omnipresentes campañas de marketing que los promocionan.


Conclusión: los entornos y estilos de vida saludables pueden contrarrestar los riesgos relacionados con los genes


Como escribió un científico: “Los genes pueden codeterminar quién se vuelve obeso, pero nuestro entorno determina cuántos se vuelven obesos”. Es por eso que los esfuerzos de prevención de la obesidad deben centrarse en cambiar nuestro entorno para que las elecciones saludables sean más fáciles para todos.

Fuente: https://www.hsph.harvard.edu/obesity-prevention-source/obesity-causes/genes-and-obesity/



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